Magical Girl: Una
película frustrante
Magical Girl,
dirigida por Carlos Vermut, es una película llena de secretos oscuros,
coincidencias, grandes chantajes y deseos extravagantes. Los aspectos
familiares de la parte inicial de la trama hacen que muchos espectadores se
puedan sentir identificados en un principio. Ubicado en medio de la crisis económica de
España, un profesor de literatura en paro, Luis (Luis Bermejo), solamente
quiere satisfacer el deseo de su hija de 12 años, Alicia (Lucía Pollán), que
está enferma de cáncer terminal: éste deseo es poseer el traje oficial de
Yukiko, de la serie de anime Magical Girl. Para poder permitirse el traje, Luis
recurre al chantaje y casualmente implica a una enferma mental, Bárbara
(Bárbara Lennie), y a un profesor de matemáticas de ella que está juvilado,
Damián (José Socristán) en su plan. Como resultado, las historias individuales
de Luis, Bárbara, y Damián, se convierten en una sola historia con el vestido de
Yukiko como protagonista.
Vermut es un maestro
en frustrar a la audiencia. Para empezar, Vermut restringe la pena que la
audiencia puede sentir por Alicia, una niña de 12 años de edad, fuerte y viva
que quiere pasar el rato con sus amigas y comer Ramen. Incluso durante una corta
escena en la que Alicia está en el hospital, Vermut no otorga a la audiencia un
melodrama deseado. La caracterización de Alicia es frustrante para un público
que espera la oportunidad de compadecerla.
Damián declara que
va a hacer lo que quiere Bárbara, pero Vermut deja a los espectadores sin una
idea de lo que quiere Bárbara. De hecho, el público verdaderamente no sabe
mucho acerca de Bárbara y de su pasado. Además, se deja al público sin una idea
de lo que le ocurre con Bárbara una vez que pasa a través de las puertas misteriosas.
Estas son una fuente de frustración ya que Vermut dedica demasiado tiempo a
esta escena pero no le da a la audiencia la menor idea de lo que pasa detrás de
las puertas.
Al principio de la
película, Vermut retrata a Luis como un personaje que es fácil de comprender.
Sin embargo, las acciones de este empeño salvaje están lejos de ser dignas de
reconocimiento. La moralidad del personaje de Luis es ambigua y, por tanto, el
público se queda frustrado por no poder clasificarla.
La banda de sonido
sirve como una fuente de posible frustración emocional. Vermut incluye
extractos calmantes de Bach, así como la canción inquietante "La Niña de
Fuego" cantada por Manolo Caracol. Incluyendo dos piezas radicalmente
diferentes como parte de la misma película es un paso valiente por parte de
Vermut. Como consecuencia de ello, la banda sonora desafía a la audiencia para
ser versátil en cuanto a sus emociones con el fin de evitar la frustración.
¿Por qué una
película tan frustrante ha sido destinataria de tantos elogios? Quizás la
ausencia de datos es la manera de revelar las verdaderas intenciones de vermut
de su película: para servir como un espejo que refleja los defectos de la
sociedad tales como la clase social, la moral y el tratamiento de los enfermos.
Si es así, entonces Magical Girl de Vermut es más que un drama es una crítica dirigida
a su audiencia.
Magical
Girl: a Frustrating Film
Magical Girl, directed by Carlos Vermut,
is a film complete with dark secrets, coincidental actions, powerful blackmailing,
and extravagant wishes. Set amid Spain’s economic crisis, an unemployed
literature teacher, Luis (Luis Bermejo), wants nothing more than to fulfill the
wish of his 12-year-old daughter Alicia (Lucía Pollán) who is terminally ill
with cancer: to own the official costume of Yukiko, from the anime series Magical Girl. To pay for the costume,
Luis resorts to blackmail and coincidentally involves a mentally ill woman,
Bárbara (Bárbara Lennie), and the retired math teacher Damián (José Socristán)
in his plan. As a result, the individual stories of Luis, Bárbara, and Damián, become
one story with Yukiko’s dress at its core.
Vermut is a master at frustrating the
audience. To begin, Vermut restricts the pity allowed to be felt for Alicia, a
strong and lively 12-year-old girl who wants to hang out with her friends and
eat Ramen. Even during a purposely short scene in which Alicia is in the
hospital, Vermut does not grant the audience their desired melodrama. Alicia’s
characterization is frustrating for an audience who expected the opportunity to
pity her.
Damián declares that he will do whatever
Bárbara wants, but Vermut leaves the audience clueless as to what Bárbara
wants. In fact, the audience doesn’t truly know much about Bárbara and her
past. In addition, the audience is left oblivious in regards to what happens to
Bárbara once she passes through the mysterious doors, which is a source of
frustration as Vermut dedicates too much time to this scene not to give the
audience at least a hint as to what happens behind the doors.
At the beginning of the film, Vermut portrays
Luis as a character who is easy to sympathize with. However, this wild pawn’s
actions are far from praise-worthy. The morality of Luis’ character is
ambiguous and the audience is therefore left frustrated as how to best (if
there is indeed a way) classify Luis.
The soundtrack serves as a source of
possible emotional frustration. Vermut includes calming extracts from Bach as
well as the haunting song “La Niña de Fuego” sung by Manolo Caracol. Including two
dramatically different pieces as part of the same film is a bold move by
Vermut. As a consequence, the soundtrack challenges the audience to be
versatile in regards to their emotions in order to avoid frustration.
Why has such a frustrating movie been the
recipient of so much praise? Perhaps the absence of details is the means of revealing
Vermut’s true intentions of his film: to serve as a mirror reflecting the
defects of society such as class, morality, and the treatment of the ill. If
so, then Vermut’s Magical Girl is more than a drama—it is a chilling critic of
its audience.
Comments
Post a Comment